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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

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RECURSOS ESCUELA SABÁTICA 
Comentarios de la Lección 



Lección 8 

24 de Mayo de 2008 

La intensidad de su caminar 



Prof. Sikberto Renaldo Marks 



Versículo para Memorizar: "El que dice que permanece en El, debe andar como El 
anduvo" {^ Juan 2:6). 



Introducción 

Lo que estudiamos en esta semana trata acerca de la experiencia espiritual humana 
de Jesús durante el tiempo en el que vivió entre los seres humanos. El fue victorioso 
contra las tentaciones que a nosotros nos son insoportables sin el poder de Dios. Así 
como Jesús fue probado, también su pueblo, al final de los tiempos, lo será, y en 
gran intensidad. Por eso es que ahora debemos hablar acerca de nuestra prepara- 
ción para esos días difíciles que nos aguardan. 

La lección plantea un escenario de nuestra prueba al final de los tiempos. Podemos 
hacerla un poco más realista. El mundo está cada vez peor en varios aspectos. Al- 
gunos de ellos son: la amenaza constante y real del terrorismo, la degradación moral 
y social, la degeneración de las relaciones comerciales y el avance de la deshonesti- 
dad, el aumento del tráfico de armas, las drogas y las personas, aumento en pestes 
y enfermedades, el incremento de la tensión política entre las naciones, la degrada- 
ción de la naturaleza con el inminente colapso climático, el aumento de las catástro- 
fes naturales como los terremotos, y otras manifestaciones destructoras de la natura- 
leza. 

Paralelamente, los grandes líderes de este mundo se están preparando, al menos in- 
tentándolo, un grandioso proyecto para ganar dinero y enriquecerse. Consiste en lo 
que se ha llamado Globalización de la Economía. En realidad significa hacer nego- 
cios involucrando a todas las personas del mundo, en todos los países. Se trata de 
convertir a todas las personas en consumidores, para que compren lo que otros tie- 
nen para vender, y así enriquecerse. 

Sin embargo, estos problemas pueden dar por tierra ese gran proyecto de la globali- 
zación. Entonces, ¿qué hacer? La propuesta es unir a todas las fuerzas del mundo 
para librarlo de esos problemas. Las reuniones entre los grandes líderes están tra- 
tando esa cuestión. En el centro de este esfuerzo están las iglesias, que ostentan el 
poder de formar la conciencia de las personas, haciéndolas más dóciles y dispuestas 
a colaborar. De allí a que las Naciones Unidas y el Grupo de los Ocho (los países 



más industrializados del mundo), incentivan a las iglesias, ya sean cristianas, a los 
judíos, o musulmanes, incluso paganos, a que se unan en pro de la reorganización 
social y económica del planeta. 

¿Imaginas cómo serán vistos aquellos que no estén dispuestos a colaborar? ¿Cómo 
serán considerados cuando las condiciones, a pesar de todos los esfuerzos, contin- 
úen empeorando, y cuando esas condiciones lleguen al punto de amenazar decidi- 
damente la economía global, provocando enormes perjuicios a los grandes grupos 
empresariales? Es de eso de lo que estamos hablando. Para llegar a esas condicio- 
nes no hace falta mucho. Entonces, aquellos que no participen del ecumenismo, por 
ejemplo, serán tratados como Jesús lo fue en su tiempo: hizo solamente el bien, sin 
embargo fue muerto en la cruz, y antes que eso, maltratado de manera extrema. 

Pero esta vez será la última tentativa de eliminar a los adoradores que lo hacen en 
espíritu y en verdad. Esa prueba va a durar poco tiempo. Vendrán leyes estrictas 
contra el pueblo de Dios; leyes que probará la fe de ese pueblo. Como el acto culmi- 
nante de esa opresión legal, surgirá la ley dominical y luego, el decreto de muerte. 
Cuando aparezcan, entonces sabremos que el fin es inminente. Con el decreto do- 
minical vendrá la mayor crisis económica y social que el planeta haya visto. En ese 
tiempo tendremos que vivir por la fe, o mejor aún, sólo por la fe. Por eso es hoy te- 
nemos que prepararnos. En ese tiempo ya tendremos que estar preparados para 
que, como Jesús, vencer a través de una comunión intensa con nuestro Dios y vivir 
así como vivieron Enoc y Jesús. 



Los primeros años 

¿De qué manera vivió Jesús antes de los doce años? Sabemos muy poco, pero lo 
que se sabe es esencial. Lucas 2:40 dice que Jesús crecía y se fortalecía, llenándo- 
se de sabiduría y la gracia del Señor estaba con Él. Eso antes de los doce años. 

A los doce años, tenemos un relato que evidencia el resultado de la educación que 
Él tuvo hasta esa edad. Se sentó con los doctores de la Ley y los interrogó. Para 
hacer preguntas es preciso tener conocimiento. Además, cuanto más conocimiento 
tenemos, mayor será la cantidad y mejor la calidad de las preguntas que hagamos. 
Si Jesús hacía buenas preguntas es porque hasta esa edad había estudiado con 
profundidad, y poseía un gran conocimiento. 

Pero Él no hizo sólo preguntas. Ellos también lo indagaron, y el les dio buenas res- 
puestas. A tal punto exponía su conocimiento de manera muy bien organizada y pro- 
funda que ellos, los maestros, quedaron admirados de su inteligencia y sus respues- 
tas (Lucas 2:47). 

¿Y cómo prosiguió su vida Jesús después de los doce años? En Lucas 2:52 tenemos 
la respuesta. Continuó creciendo en sabiduría, estatura y gracia delante de Dios y de 
los hombres. Por lo tanto, desde pequeño, hasta revelarse como el Mesías, estudió 
mucho y veló por su salud física y espiritual. IVIantenía una comunión con Dios, su 
Padre Celestial, y se preparaba para su gran misión. 



Si hay poco escrito en la Biblia acerca de Jesús en su adolescencia y juventud, ese 
poco es tan preciso que se vuelve suficiente. Nos alcanza con saber de qué manera 
se desarrollaba, esto es, bajo la dirección de Dios, estudiando y acumulando expe- 
riencias acerca de cómo obedecer a Dios. Obedecer es lo mismo que poner en 
práctica lo que se ha aprendido. Y es eso lo que exactamente tenemos que hacer 
hoy. 

A medida que descubrimos algo nuevo en el ámbito espiritual con lo cual todavía no 
estamos plenamente de acuerdo, debemos luchar en oración con Dios para ser 
transformados en ese punto. Así también nosotros creceremos en sabiduría y gracia 
ante Dios y los hombres. ¡Y venceremos, tal como Él venció! 



Al comienzo de su ministerio 

Todo empleo importante tiene alguna evaluación para ver si el postulante está capa- 
citado para él. IVIuchas veces hay un concurso bien concurrido, con diez o veinte 
postulantes para una vacante. 

Jesús no necesitó luchar con otros por una vacante. Lo que Él había venido a hacer, 
nadie más podía hacerlo en este mundo. Nadie estaba dispuesto a pasar por lo que 
Él pasó. Además, sólo Él era el indicado para ser muerto por nosotros, pues fue a Él 
que Lucifer lo desafió en el cielo, era su trono el que Lucifer quería ocupar. 

Pero aún así Jesús debió pasar por una prueba. Necesitaba comprobar si era capaz 
de hacer, en la práctica, lo que había venido a enseñarles a los seres humanos, rela- 
tivo a la obediencia. Y también debía probar que también era capaz de amar, como 
quería que sus criaturas amaran a los demás. Es decir, debía probar en una situa- 
ción de extrema dificultad que se podía obedecer a la Ley de Dios, esto es, realizar 
la voluntad del Padre, y de rechazar la voluntad de cualquier otro ser. 

Para someterse a esta prueba máxima, luego del bautismo Jesús se dirigió al desier- 
to. El libro "En el desierto de la tentación", de Elena G. de White, se relatan los deta- 
lles dramáticos que allí se sucedieron, por lo que es oportuna su lectura. 

Jesús fue al desierto para ser tentado y, al mismo tiempo, para vencer a la tentación. 
El así estaría preparando su misión de Maestro y Mesías. 

Al comienzo Satanás estaba con Jesús, haciéndose pasar como un ángel de luz en- 
viado por Dios. Intentó persuadir a Jesús de que Dios le había enviado para infor- 
marle que no era necesario cumplir con los cuarenta días de ayuno que se había 
propuesto y que con la disposición a cumplir con ese tiempo ya era bastante. Enton- 
ces debía interrumpir su ayuno. ¿Podemos imaginarnos un ayuno de cuarenta días 
en el desierto? ¿Y sin compañía alguna, excepto la del enemigo? ¿Y sin ninguna 
clase de alimento a su alcance? ¿Qué haría Jesús al límite del agotamiento? ¿Podía 
ir a algún lugar para conseguir algo de alimento, si no podía hacerlo por la debilidad? 

Al final del ayuno, Jesús tuvo hambre, mucha hambre. Era más que hambre común, 
era un hambre pavorosa de una intensidad tal que le causaba mucho malestar, tal 



vez alucinaciones, o algo muy cerca de eso. Jesús se encontraba al límite de su vi- 
da, podía morir ese mismo día. Ya no tenía fuerzas para continuar, ni para procurar 
algo de alimento. Estaba tan débil que quizá no podía mantenerse en pie. ¿Cómo 
entonces salir de allí? 

Fue en esas condiciones que Lucifer tentó a Dios. Para él no había otras alternati- 
vas, sino dos. O continuaba confiando en su Padre, que éste providenciaría algo pa- 
ra que Él no muriese, o aceptar el socorro que Satanás estaba ofreciéndole. En otras 
palabras, era obedecer a Dios, o a Satanás. Y Jesús todavía tenía sólo unos minutos 
para decidirse, la muerte estaba por invadir su cuerpo, ya debilidad ya había tomado 
cuenta de él. 

Fue en ese instante que Satanás apareció con la solución: transformar las piedras en 
panes. Pensándolo bien, aparentemente no había de mal en eso. Al momento de fi- 
nalizar el ayuno ya estaba llegando, era hora de comer. Entonces, la idea de trans- 
formar hasta era buena. ¿Había otra alternativa? Además, Jesús podría haber lo 
hecho, y ciertamente no habría hecho nada malo, si no involucrara el valerse de los 
poderes superiores de la divinidad en provecho propio, lo que Él no debía hacer, 
menos por sugerencia del enemigo. 

Hasta las cosas buenas, cuando son sugeridas por el enemigo, deben ser rechaza- 
das. Tenemos que decidir, de una vez por todas, a quién vamos a obedecer, en 
quién vamos a confiar. Jesús rechazó el ofrecimiento, diciendo que viviría confiando 
en la Palabra de Dios, es decir, que demostró confianza en la Palabra de Dios, quien 
no dejaría que atravesara la muerte, la cual podía sentirla, por la debilidad en la que 
se encontraba. 

La mente de Jesús podía estar debilitada, al límite de su capacidad de razonamiento. 
Entonces Satanás utilizó otra alternativa, la de tirarse desde cierta altura. Los ánge- 
les de Dios lo ampararían, si realmente era el Hijo de Dios. Si estaba allí para cumplir 
una misión luego de aquél ayuno, debía vivir. Por lo que los ángeles, por orden de 
Dios, vendrían a socorrerlo. Si moría, el plan de salvación quedaría abortado y eso 
Dios no lo permitiría. Para quien está en el límite entre el raciocinio y la pérdida de 
los sentidos, era una propuesta en la que era muy difícil percibir su malicia. 

Eso, de que Jesús sería de alguna manera socorrido, era evidente en la argumenta- 
ción de Satanás. Pero eso en realidad no ocurriría, pues Jesús se estaría sometien- 
do en obediencia al enemigo, y así estaría desafiando a que Dios hiciera algo que Él 
no debía hacer, el socorrer a alguien que si arrojó al vacío para matarse. Jesús sería 
entonces un suicida, y Satanás estaba planteando que de todas maneras Dios lo so- 
correría. 

La tercera tentación tomó a Jesús en una situación más extrema. Ahora estaba re- 
almente exhausto. Se estaba acercando a la muerte. Estaba en el límite. Si se arrodi- 
llaba ante Satanás y lo adoraba, recibiría de nuevo todo lo que Satanás había con- 
quistado. Para quien está en el límite de la capacidad de razonamiento y de la vida, 
parecía ser una propuesta interesante. ¿Acaso Jesús no había venido exactamente 
para eso, para reconquistar ese reino? Lo recibiría de nuevo si adoraba a su enemi- 
go- 



¿Y qué sucedería después? En primer lugar, ¿será que Satanás le daría todo de 
nuevo como lo estaba prometiendo? El es un mentiroso, bien podría no haber cum- 
plido lo que estaba prometiendo. Pero, aún cuando la devolución se concretara, 
Jesús desde ese momento sería un príncipe, con autoridad sobre esos reinos y so- 
bre Él estaría Satanás. Imagina la situación: Satanás tendría de esa manera poder 
sobre el propio Dios, pues tendría en sus manos a Dios el Hijo. Sería algo así como 
un rehén. Satanás estaba seguramente exultante con la posibilidad de dominar a 
Jesús y sobre Dios. Pero lo perdió todo. ¡Felizmente! 

Jesús no cedió en ninguna de todas las tentaciones, ni en estas tres últimas mencio- 
nadas. Así que Satanás tuvo que dejarlo. Jesús estaba desfalleciente, y los ángeles 
vinieron rápidamente a socorrerlo, impidiendo que muriera. El socorro vino, al límite 
de la situación, pero llegó. 

¿Qué era lo que Satanás estaba tratando de lograr con sus embestidas? Separar a 
Jesús de Dios. ¿Y cómo? ¡Desobedeciendo la Ley! ¿Cómo es esto? Es simple: la 
Ley es amor, lo que une a los seres entre sí. Si Jesús desobedecía la Ley, que en 
esencia consiste en amar a Dios (no a Satanás), estaría generando una ruptura de Él 
con Dios. En ese caso, sería una ruptura eterna, por tratarse de Jesús. Y Satanás 
habría vencido, para siempre. Y Dios hubiera tenido que soportar esta situación, 
pues Jesús estaría bajo el poder del enemigo para siempre. ¡Qué locura! ¿No crees? 
Imagina el riesgo que Jesús enfrentó. ¡Pero qué bueno que Él venció! 



En su vida de oración 

¿Podemos proponerle a Dios un desafío en nuestra experiencia? Propongo lo si- 
guiente: solo una oración más prolongada antes de hacer algo importante, en espe- 
cial si fuere para Dios, en la iglesia, o algo relacionado con las cuestiones espiritua- 
les. Así lo hacía Jesús, y esa era su costumbre. Fue así que se hizo vencedor. Enoc 
también actuó de esa manera. 

Una cosa es orar todos los días. Y eso es bueno. Pero otra, muy superior, es orar y 
tener también una comunión con Dios. Pero... ¿acaso no estamos en comunión con 
Dios si oramos? Si, pero una cosa es estar en comunión por unos pocos instantes, y 
otra -mucho mejor- es estar en comunión durante todo el tiempo. Es en esa clase 
de comunión con Él que logramos ir conociéndolo, entendiéndolo, surgen instancias 
a través de las cuales Él puede enseñarnos. Y además podemos meditar. Veremos 
algo de esto más adelante. 

Pero, ¿cómo permanecer mucho tiempo en oración, si en unos pocos minutos se 
acaban los pedidos y agradecimientos? Las oraciones personales no se limitan a es- 
tos dos asuntos. Son una conversación con Dios sobre todos nuestros intereses, es- 
pecialmente aquellos que nos causan preocupación, pero también sobre nuestros 
planes, aquellos que hemos concretado, la iglesia, las demás personas, la predica- 
ción del Evangelio, sobre cualquier asunto que queramos conversar con Dios. Esta 
clase de oración se transforma en una sesión de consulta en la que nos abrimos a 



Dios en todo lo que eventualmente sea de nuestro interés compartir con El. Es en 
esa oración que reside el poder, más que en aquellas más cortas, rutinarias. 

Jesús obraba de esa manera. Oraba antes de tomar decisiones importantes. Así fue 
antes de escoger a los discípulos (Lucas 6:12); antes de caminar sobre el mar para 
deshacer el intento de ser secuestrado para ser convertido en rey de Israel (IVIateo 
1 4:23); antes de ser llevado a la cruz, cuando oró mucho más que una vez (Juan 1 7). 

En este caso. Él oró por tres motivos: 1) Por Él mismo, para que fuera glorificado 
como vencedor por los seres humanos; 2) Por sus discípulos más cercanos; 3) Por 
el pueblo que surgiría después del trabajo de esas personas, en todos los lugares, 
hasta los días finales de la historia de pecado en este mundo. 

Esa oración, tal como en las otras que Él elevó, fue escuchada plenamente. Fue 
vencedor de la mayor angustia de todos los tiempos. Sus discípulos cumplieron con 
la obra que Él les había encomendado. Y hoy tenemos un pueblo fiel en casi todos 
los lugares del mundo, que se está preparando para el desenlace final de una gran- 
diosa obra. 

De la misma manera en cómo Jesús venció, nosotros también podemos vencer, si lo 
deseamos. Y no hay otra alternativa. Si deseamos poder, algo sin lo cual no podre- 
mos vencer en estos días finales, debemos orar más, una oración de comunión con 
Dios, no una mera lista de pedidos y agradecimientos. 



Intensidad para la misión 

Jesús manifestó un alto sentido de misión. Sintió profunda empatia por las personas. 
Veía que todas se estaban perdiendo y el día en que murieran sería su fin. Como Él 
amaba a esas personas, veía en ellas, en cada una, la posibilidad de torcer el desti- 
no. Era tan intenso el amor por estas personas que, a veces, aún con hambre, lleva- 
ba la Palabra de vida a una persona que aparecía y eso era su actividad prioritaria. 

Así ocurrió con la mujer samaritana. Jesús estaba esperando el alimento que los 
discípulos habían ido a buscar a la ciudad, y tuvo sed. Cuando llegó alguien que, al 
menos, podía saciar su sed. Él le predicó sobre el agua viva, aquella que sacia la 
sed para siempre. 

Tal vez el episodio que retrata bien la prioridad por la misión en Jesús sea el encuen- 
tro con los griegos. Ellos eran extranjeros, pero habían llegado para conocer al Mes- 
ías. Le dijeron a Felipe: "Señor, quisiéramos ver a Jesús" (Juan 12:21). Entonces 
Jesús se manifestó maravillosamente a aquellos hombres en una búsqueda sincera 
de Cristo. En palabras claras y directas, se anunció como el Mesías. Dijo que había 
llegado su hora más dramática, aunque le hubiera gustado ser eximido de ella. Pero 
Él había venido precisamente para eso, esa era su meta (ver Juan 1 2:27). 

Entonces, el Padre que está en los cielos entró en conexión con el Hijo, y se mani- 
festó de manera audible: "Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez" (Juan 12:28). 



Entonces El explicó que esa voz había aparecido por causa de ellos, para que tuvie- 
ran una base de evidencias para creer. Y luego a continuación les dijo que sería le- 
vantado en una cruz para ser muerto y así expulsar al enemigo de la humanidad 
(Juan 12:31). 

En este episodio vemos la intensa colaboración del Cielo para la salvación de las 
personas sinceras y deseosas de conocer a Jesús. Los griegos tuvieron la prueba 
más poderosa que pudiera haber sido dada: las palabras del propio Dios Padre a fa- 
vor de Jesús, el mismo Mesías. 



Nuestro propio caminar con Dios 

Jesús fue el ser humano que más estrechamente caminó con Dios. Después de Él, 
posiblemente podamos ubicar a Enoc. La Biblia dice que Enoc caminaba con Dios, 
después de que su hijo naciera, pues sintió la necesidad de ser un padre tal como 
Dios es el Padre. 

Podemos aprender de Enoc, para saber cómo caminó El con Dios. Tiempo atrás hice 
un estudio basado en el Espíritu de Profecía, para saber cómo fue que Enoc caminó 
con Dios. Sirvió para una meditación en la hora del Culto Divino, y ahora sirve para 
ser incluida en este comentario. Haremos una síntesis bien resumida de cómo Enoc 
caminó con Dios. Podremos ver que eso es posible hacerlo para cualquiera de noso- 
tros. No hay misterios ni secretos. Cuatro cosas fueron las que Enoc hizo, que vere- 
mos a continuación: 

a. Oración a Dios, en un dialogo permanente con el Creador."Hermanos, orad 
en casa, en vuestra familia, a la mañana y a la noche. Orad fervorosamente 
en vuestra cámara; y mientras os dedicáis a vuestra labor diaria, elevad 
vuestra alma a Dios en oración. Así fue como Enoc anduvo con Dios" [El 
hogar cristiano, pp. 189, 190] 

b. Sentido de la presencia de Dios, portarse como un noble en la presencia 
de Dios: "Permanecemos en Cristo por medio de una fe viva. El mora en 
nuestros corazones cuando nos apropiamos individualmente de la fe. Te- 
nemos la compañía de la presencia divina, y al darnos cuenta de su pre- 
sencia, nuestros pensamientos son traídos en cautiverio a Cristo Jesús. 
Nuestros ejercicios espirituales están de acuerdo con lo vivido de nuestro 
sentido de esta compañía. Enoc anduvo con Dios en este camino..." [IVIen- 
sajes para ios Jóvenes, p. 1 57]. 

c. Confianza total en Dios; fe que agrade a Dios: "No vemos a Cristo en per- 
sona. Por fe lo contemplamos. Nuestra fe se aterra de sus promesas. Así 
caminó Enoc con Dios" [IVIente, carácter y personaiidad, tomo 2, p. 557]. 

d. Servicio activo a Dios, trabajando por la salvación del prójimo: "Enoc fue 
un maestro público de la verdad en su tiempo. Enseñó y vivió la verdad. El 
carácter del maestro que caminó con Dios estaba completamente en ar- 



monía con la grandeza y la santidad de su misión" [Recibiréis poder, p. 
255]. 

Fue así que Enoc caminó con Dios. Cuatro actitudes diarias: oración, sentido de la 
presencia de Dios, confianza en Dios y la búsqueda de personas para salvar para el 
Reino de Dios. 

Si investigamos un poco más, veremos que así fue que Jesús caminó con Dios. Y 
así caminarán con Dios todos aquellos que serán salvos, unos más intensamente y 
por más tiempo que otros. Así como el ladrón en la cruz, que caminó muy poco tiem- 
po con Dios. Pero todos los salvos tendrán una experiencia con tales características, 
confianza en Dios a punto tal de sentirse con Él e interesándose para que los demás 
tengan la misma experiencia. 



Aplicación del estudio 

Elena de White nos orienta a que debiéramos permanecer por una hora por día me- 
ditando sobre los detalles de la vida de Jesús, especialmente las escenas finales. He 
experimentado bendiciones agradables al hacer eso, aunque no por el tiempo que 
ella recomienda. La meditación es casi una oración, o sea, es una oración más bien 
informal. Entonces, ¿cómo se medita? Para quien no lo sepa, les voy a dar algunas 
nociones. La podemos practicar en cualquier lugar, pero funciona mejor donde no 
hay ruido. Es más agradable hacerlo con alguna música suave, o en medio de la na- 
turaleza escuchando el canto de los pájaros y el susurro de la brisa entre las hojas 
de los árboles. 

Para meditar puedes tener junto a ti la Biblia, un libro del Espíritu de Profecía, o in- 
cluso otro libro recomendable, según la Palabra de Dios, incluso ninguno. Los textos 
sólo sirven para recordarnos las escenas. Después de leer un párrafo, o de traerlo a 
la memoria, entremos en escena. Veamos las cosas sucediendo. Analízalas en tu 
mente. Puedes incluso meterte en uno de los personajes. Sugiero que evites el de 
Judas... Entonces trata de distinguir todos los detalles. 

Puedes hacer comparaciones del tipo "¿Cómo sería esto hoy? O ¿Cómo sería si al- 
go fuera diferente? (Por ejemplo, ¿qué hubiera pasado si Pedro no hubiera negado a 
Jesús?, o ¿qué hubiera pasado si Jesús fracasaba? ¿Qué hubiera ocurrido si los 
líderes hubieran aceptado a Cristo?, preguntas así por el estilo. Puedes orar, de rodi- 
llas o de otra manera. Puedes también meditar junto a otra persona, intercambiando 
ideas. 

Trata de no desviarte del asunto, y si eso eventualmente sucede, vuelve al tema 
principal. IVIe gusta meditar mucho tiempo cuando estoy viajando. También, antes de 
dormir, hasta que sobrevenga el sueño. Una buena forma de meditar es de rodillas, 
en una posición que sea confortable (por ejemplo, bien apoyado con los codos en la 
cama). De esta manera muchas veces he quedado dormido, despierto y vuelvo a 
meditar y así sucesivamente). La impresión que se tiene es que Dios está allí, y los 
ángeles también. Eso trae una gran paz al interior. 



La esencia de la meditación es detenerse sobre algún asunto durante un tiempo, que 
puede ser largo o corto. Lo importante es velar para que la mente esté conectada al 
tema de alguna manera. La más fácil es imaginar escenas, como si estuviéramos 
viendo una película. 

Aquí les propongo algo: IVIedita haciendo de cuenta de que estás hablando con 
Jesús. Verás que Él también habla contigo. Lo escucharás en tu mente. Un pequeño 
llamado de alerta, todo lo que entiendas que deba ser cambiado en tu vida, debes 
hacerlo. Para cambiar, no luches solo, ora a Dios y pide fuerzas. Te sorprenderás 
cómo así es fácil la senda de la santificación. 

Experiméntalo. Experimentarás un crecimiento espiritual que se evidenciará a lo lar- 
go del tiempo. Y en eso consiste la santificación. 



Prof. Sikberto R. Marks 




Traducción: Rolando D. Chuquimia 
RECURSOS ESCUELA SABÁTICA © 



Comentario da Ligao da Escola Sabatina 



© Prof. Sikberto Renaldo Marks 

(marks@unijui.tche.br) 

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